La verdadera vocación

A modo de introducción de este post, os dejo con un pequeño corto que trata de responder cuál es la verdadera vocación de un profesor.




Cuando te preguntan que en qué trabajas y dices que eres profesor, la mayoría de la gente da por supuestas al menos dos cuestiones principales: muchas vacaciones y un buen sueldo. No voy a negar que, en comparación con la mayoría de trabajos que desempeña la clase media obrera de este país, el ser profesor o funcionario es todo un privilegio (y más aún con los tiempos que corren).

Se sobreentiende que un profesor es un docente, alguien que da clases, que enseña, que comparte sus conocimientos, que trata de educar, de orientar, de aconsejar... Es también evidente que es un trabajo y, por tanto, se necesita cobrar por ello para poder seguir ejerciendo la profesión en condiciones óptimas. 

Pero no es el dinero lo que realmente motiva a un verdadero mentor a impartir la docencia, sino que es su capacidad vocacional la que propicia que un maestro pasional se convierta en un verdadero faro conductor que guíe el camino de las generaciones venideras.

El buen maestro debe ser capaz de "enamorar" a sus alumnos, académicamente hablando; ya que en realidad se aprende con el corazón. Si un maestro plantea a sus alumnos situaciones atractivas, motivantes, significativas, etc. Se incrementan las probabilidades de que el alumno/a venga motivado a clase, con ganas de seguir aprendiendo y disfrutando con lo que aprende. Lograremos así que sea más respetuoso, ya que se da cuenta de que si deja hacer al maestro y colabora con sus compañeros, hay más posibilidades de llevarse una nueva vivencia positiva y un nuevo aprendizaje a casa. El alumno recuerda los momentos que le hacen sentir, no clases aburridas y monótonas llenas de cosas que para él o ella no significan nada. ¿Quién de nosotros, ahora adultos, recuerda cómo hacer suma y resta de polinomios, raíces cuadradas, senos o cosenos? Por poner un ejemplo de una de las asignaturas más importantes que teníamos en el colegio.
Hablamos de vocación por parte del profesor y de motivación por parte del alumnado, aunque no siempre se dan estos casos:
  • A veces falta cierta "vocación para estudiar" por parte del alumno, lo cual se complica cuando se tiene que enfrentar a un sistema que ya viene preconfigurado con unos determinados objetivos y que, no olvidemos, es OBLIGATORIO. Obligar a hacer algo que no quieres hacer, o para lo que no tienes vocación o motivación  no siempre resulta tan sencillo como nos quieren hacer ver las propias instituciones que dictan las normas a nivel teórico. 
  • Por otro lado, a veces falta esa motivación por parte del profesorado. Un profesor puede tener la vocación, la pasión y las ganas para ejercer la docencia; pero muchas veces, todo esta ilusión se va viendo minada y mermada por una serie de circunstancias muy concretas de las que hablaré a continuación.
Sin enrollarme demasiado (que ya llevo un buen "tocho" escrito), tan sólo mencionar que en mi juventud (con unos 20 años), trabajé como repartidor de pizzas. Se supone que, según mi contrato, mi obligación para con este trabajo era exclusivamente la de repartir pizzas en moto. Sin embargo, había una serie de tareas asociadas que, "evidentemente", hacía sin rechistar (al igual que mis compañeros de "curro"): montábamos las cajas de las pizzas (venían desmontadas), atendíamos los pedidos por teléfono, grabábamos las direcciones en el ordenador y fregábamos el suelo al terminar la jornada, entre otras cosas). Nunca me quejé por estas funciones "extra". No eran gran cosa y entendía que formaban parte del trabajo, aunque no figuraran en mi contrato específicamente.
No es precisamente lo que hacía yo, pero representa cómo hoy en día parece que hay que hacer mil cosas al mismo tiempo para "funcionar"

Sin embargo, la cosa cambia cuando eres profesor; un supuesto privilegiado que "tan sólo se dedica a impartir la docencia". A lo largo de la jornada laboral semanal, debes hacer una serie de actividades que, al parecer, van aparejadas al cargo.

  • Debes pasar lista. Normal, ¿no? No tanto cuando tienes que pasarla a nivel institucional (Pincel Ekade, Séneca...), con tu app docente (costeada por ti, claro), a través de la hojas de seguimiento de determinados grupos completos por un lado y, por otro, de determinados alumnos indisciplinados.
  • Debes tener en cuenta las adaptaciones curriculares pertinentes. Nada... 2-3 cosillas sin importancia: NEAE, NEE, ECOPHE, ALCAIN... Y no sé cuántas siglas más. Con sus correspondientes capacidades y discapacidades físicas, sensoriales, intelectuales, sociales, familiares, etc. Que, "evidentemente", debes conocer y dominar para poder atender a toooda la diversidad habida y por haber... (Nótese la ironía). Y no seré yo el que se oponga al derecho de todo el mundo a recibir clase, pero pregunto: ¿realmente con nuestra titulación estamos capacitados para atender a una diversidad tan diversa?
  • Tienes que asistir a alguna que otra reunión. A saber: comisión de coordinación pedagógica, reunión de departamento, claustro, visita de padres, consejo escolar (solo algunos "privilegiados"), evaluaciones sin nota, evaluaciones con nota, reuniones de equipos docentes, tutorías con los alumnos, tutorías personales con los padres, mediación, entrega de notas, exclusivas para los maestros, etc.
  • Rellenar algunos documentos administrativos: programación didáctica, informe de resultados, memoria del curso, partes disciplinarios, autorizaciones para la realización de actividades complementarias y extraescolares, autorizaciones sobre derechos de imagen, libro de guardias, justificación de faltas, etc.

Ojo, yo no digo que no haya que realizar alguna actividad "extra" que, por lógica es inherente y/o complementaria al exclusivamente docente; sino que me planteo hasta qué punto se "distrae" al especialista de su función con tanto trabajo adicional y supuestamente necesario. Me imagino a los padres de nuestra cultura occidental realizando labores educativas actuales: 
  • Ese Sócrates realizando adaptaciones curriculares y poniendo partes, ya que la Consejería de Educación Ateniense le exige que dedique más esfuerzo en tratar la diversidad y no centrarse en "Platones" ni nada por el estilo;
  • ese Platón, montando una Academia de línea 2 saturada con ratios de 35-40 alumnos por clase y en la que hay cabida para todos y todas, quieras o no estudiar; 
  • o ese Aristóteles sin poder peripatetizar con sus alumnos porque no tiene las autorizaciones de los padres o porque no hay dinero para realizar actividades que sean muy "chulas" porque si no, no se apuntan los alumnos.
No estoy metido en política y no me atrevo a dar soluciones (al menos todavía), pero soy lo suficientemente capaz de notar que la cosa no marcha como debería. No sé si debería haber personal específico para este tipo de funciones burocráticas y que de esta manera el profesorado pudiera quedar más libre para dedicarse a las funciones que supuestamente le son propias y que ni siquiera he mencionado en mi anterior "protesta": diseñar clases creativas, significativas y motivantes, tratar con el alumnado y su entorno directamente (para lo que habría que reducir la ratio para poder atenderlos debidamente), corregir las pruebas y exámenes, planificar actividades complementarias... 

Como digo, no sé exactamente qué solución/es dar, pero sé que hay una alta tasa de bajas por depresión en el sector de la educación y no creo que sea normal que la profesión que has elegido por vocación y lleno/a de ilusión te llegue a provocar estos niveles de estrés y ansiedad. Aquí queda esto a modo de reflexión personal.


Comentarios

  1. Hola Marco, me ha encantado leer acerca de la vocación del profesor, la ilusion del alumnado y como es visto el profesor desde fuera en España.

    Creo que deberias salir a trabajar en otros paises, un añito en Inglaterra y otro en USA.

    Verías que la profesión de profesor no es tan deseada ni está tan bien pagada, a pesar de que se gana casi eo doble que en España.

    No es tan deseada porque en cualquier trabajo vas a ganar mas dinero y porque todo el mundo sabe que es tremendamente sufrida.

    Ademas, date cuenta que España, como país socialista que es, tiene un desempleo brutal. El trabajo de profesor es una opción muy válida en la cual no haces "la locura española" de creer una empresa y tienes un sueldecito cómodo a cambio de un trabajo que te ha costado años de estudio.
    Son incontables los compañeros que me he encontrado en los 18 IES en los que he estado en España que me han confesado que estam en este sector porque no hay otra salida y porque es lo más seguro. En EEUU cuando vengas encontraras gente en la docencia por vocación real.

    Y es que, querido Marco, Vox sería considerado un partido comunista en USA. Vente y termina de escribir la entrada de blog.

    Besitos tio bueno.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario