La verdadera vocación

La Manzana y el Discípulo

Desde chiquitito mi madre me ha explicado tantas y tantas situaciones a través de parábolas y enseñanzas, muchas de ellas sacadas de la Biblia. De esta manera, yo me daba cuenta por mí mismo de las cosas a través de la reflexión. ¿Cómo explicar este efecto que producían estas parábolas en mí...? ¿Cómo agradecerle a mi madre que "no me enseñara", sino que me dejara aprender por mí mismo...? Este pequeño fragmento de Jorge Bucay lo deja clarito clarito! Buenísimo Jorge Bucay... ¡y viva la madre que me parióoo!


El maestro contaba siempre una parábola al finalizar cada clase, pero no todos los oyentes entendían el sentido de la misma. Un día uno de ellos lo encaró y le dijo:

- Tu nos cuentas historias pero no explicas el significado.
El maestro se disculpó por ello y luego continuó diciéndole:
- Permíteme que en señal de reparación te convide con una rica manzana.
- Gracias maestro, respondió halagado el discípulo.
- Quisiera para agasajarte pelarte la manzana yo mismo. ¿Me lo permites?
- Sí, muchas gracias.
- Ya que tengo en la mano el cuchillo, aprovecharé y te la cortaré en trozos, para que te sea más cómodo comerla.
- Me encantaría, pero no quiero abusar de su hospitalidad.
- No es un abuso, si yo te lo ofrezco. Solo quiero complacerte. Y... Permíteme también que te la mastique antes de dártela.
- ¡No maestro!, ¡No me gustaría que hiciera eso!. Se quejó sorprendido el discípulo.
El maestro hizo una pausa y dijo:
- Si yo te explicara el sentido de cada parábola.... sería como darte de comer una fruta masticada. Tu mismo tienes que encontrarle y saborear su exquisito sabor.

Jorge Bucay

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